Acuéstate en la hamaca nitaíno pequeño,
Quédate quietecito y yo te diré un cuento,
La historia de los padres que fundaron la tribu
De los señores nobles de los grandes taínos.
Cuentan que había una cueva, una cueva especial
Era Cacibajagua donde debían morar,
Y tenían instrucciones de no salir de día,
El sol era maldito y los castigaría,
y los que se arriesgaban transformados
serían en pájaros carpinteros,
inriris o jutías.
Así que por las noches salían a jugar,
los niños nitaínos en el parque ancestral,
Mientras que los adultos salían a cazar,
La sabrosa cotorra, la iguana que corría,
por las playas y montes y también cocolía,
y corrían despavoridos pronto al
amanecer y se iban a su cueva
Cansados del quehacer.
Pero un rebelde muchacho,
Guahayona le decían, sabia que el sería el rey de la mentira,
Y a todas las mujeres un día engañó.
Las dejó en una isla y una raza
Empezó
de mujeres guerreras llamadas Amazonas,
que odiaban a los hombres y que vivían solas,
en la isla secreta
Maití, Maitininó,
siempre en pie de guerra, buscando a los hijos que el tambien les quitó
Abandono a los niños Guahayona,
Los pobres le gritaban tonatona
Fueron tantos los gritos de dolor,
que un dios muy compasivo vino y los transformó
en ranas que gritaban tona, tona.
Buscaban a sus madres que dolor.
Siguiendo su aventura Guahayona enfermó
Del mar vino una diosa y la piel le sanó,
Dicen los que bien saben que ella era sirena,
y que cantaba un canto que eliminaba el mal.
Así que Guahayona
Dejó de hacer el mal , con cibas y guanines
De nuevo se echó al mar, a contar su aventura a aquellos de la cueva.
Cacibajagua cueva del bien,
Cacibajagua de donde los taínos vuelven a florecer.